El lazo de la literatura y el arte, en su concepción moderna, viene a documentar
la memoria colectiva de los pueblos, a sentar un precedente que denuncia las
injusticias sociales del mundo. También inspira a las nuevas generaciones de lectores y
artistas, y muy importante satisface la necesidad del ser humano de comunicarse.
En otras palabras, el arte y la literatura vienen a jugar diversos y creativos roles en la vida del ser humano. A través de la historia hemos establecido diversos canales para comunicarnos con lo divino y entre nosotros mismos. Y para lograrlo, plasmamos sentimientos en piedra y papel, que sirven como un legado de vida. Este legado, a nuestro parecer, ha sentado las bases para una pauta de conducta recurrente llamada cultura. En palabras de la profesora María del Mar Chaluisán-González (1992) “El asunto de los fenómenos culturales nos remite irremediablemente a la arena de la representación, este terreno de simultánea creación y destrucción de eso que apodamos realidades. Las Representaciones como miradas, recreaciones, reescrituras, que median inevitablemente nuestras percepciones de las realidades y que abolen toda distancia entre objeto y sujeto”.
Con el pasar del tiempo la literatura ha sido conceptualizada de diversas maneras, ya bien como como un texto, o como una forma de expresión artística para representar a la sociedad. Esto, desde la óptica del autor, que por ser hijo de su propia época, nos abre mediante la palabra escrita, una ventana al pasado para poder comprender las diversas costumbres y tradiciones, los roces sociales, el valor de las artes o la normativa imperante en su sociedad, concretándose un concepto llamado visión de mundo. Martí representa una figura cumbre y pionera del pensamiento latinoamericanista con un alma revolucionaria. Más que un poeta un fiel testigo de su tiempo. Su vida en la ciudad de Nueva York, una ciudad de inmigrantes con un gran fervor caribeño, le sirvió de musa para su función aglutinadora del sentimiento independentista cubano-puertorriqueño en Nueva York. Martí contaba con un gran don de palabra unida a la acción.
En otras palabras, el arte y la literatura vienen a jugar diversos y creativos roles en la vida del ser humano. A través de la historia hemos establecido diversos canales para comunicarnos con lo divino y entre nosotros mismos. Y para lograrlo, plasmamos sentimientos en piedra y papel, que sirven como un legado de vida. Este legado, a nuestro parecer, ha sentado las bases para una pauta de conducta recurrente llamada cultura. En palabras de la profesora María del Mar Chaluisán-González (1992) “El asunto de los fenómenos culturales nos remite irremediablemente a la arena de la representación, este terreno de simultánea creación y destrucción de eso que apodamos realidades. Las Representaciones como miradas, recreaciones, reescrituras, que median inevitablemente nuestras percepciones de las realidades y que abolen toda distancia entre objeto y sujeto”.
Con el pasar del tiempo la literatura ha sido conceptualizada de diversas maneras, ya bien como como un texto, o como una forma de expresión artística para representar a la sociedad. Esto, desde la óptica del autor, que por ser hijo de su propia época, nos abre mediante la palabra escrita, una ventana al pasado para poder comprender las diversas costumbres y tradiciones, los roces sociales, el valor de las artes o la normativa imperante en su sociedad, concretándose un concepto llamado visión de mundo. Martí representa una figura cumbre y pionera del pensamiento latinoamericanista con un alma revolucionaria. Más que un poeta un fiel testigo de su tiempo. Su vida en la ciudad de Nueva York, una ciudad de inmigrantes con un gran fervor caribeño, le sirvió de musa para su función aglutinadora del sentimiento independentista cubano-puertorriqueño en Nueva York. Martí contaba con un gran don de palabra unida a la acción.
La literatura tiene como misión modificar, transformar la realidad y proporcionarnos una emoción estética y placentera, lo mismo ocurre con cualquier otro tipo de arte. por la vía de la racionalidad llega hacia la inteligencia reflexiva, y por el camino de la sensibilidad nos lleva hasta la experiencia sentimental.




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